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agosto 2019

psicólogos en Oviedo para estrés y ansiedad

Tratamiento para el estrés en Oviedo

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En Gabinete Mentis somos especialistas en el tratamiento de estrés en Oviedo. Te aportaremos las pautas a seguir para combatir y reducir el estrés.

Sabemos que es importante realizar un diagnóstico preciso antes de diseñar un plan de tratamiento personalizado para controlar, gestionar y eliminar el estrés. Cada tratamiento requiere de un diseño diferente en función de la personalidad y circunstancias de cada paciente, y nuestros psicólogos especialistas en estrés se encargarán de desarrollar un tratamiento personalizado.

¿Cuáles son los síntomas de estrés?

 Aunque los síntomas del estrés son muchos y variados, algunos de los más habituales son:
  • Aumento de la frecuencia cardiaca
  • Respiración rápida y superficial
  • Sudoración
  • Temblores
  • Mareos
  • Problemas o alteraciones digestivas
  • Boca seca

No todos estos síntomas hay que relacionarlos con el estrés, ya que pueden estar causados por otros motivos.

¿Cuáles pueden ser las causas del estrés?

Las causas del estrés pueden ser muchas y muy diferentes: problemas físicos, psicológicos, factores emocionales o mentales, etc.

Es importante saber que existen varios matices y consideraciones en torno al estrés:

  • El estrés no afecta a todo mundo de la misma manera.
  • No todas las personas tienen el mismo nivel de tolerancia ante el estrés.
  • El estrés puede hacer a la gente reaccionar de distintas maneras.
  • El estrés es una sensación normal que, en bajas dosis, puede ayudarnos a hacer las cosas.

La mayor parte de las consultas que tienen lugar en nuestra gabinete de psicólogos en Oviedo están relacionadas de algún modo con problemas de ansiedad o de estrés. Es cierto que para quien las padece, no son situaciones generalmente agradables, pero ¿son tan perjudiciales como parecen? Combatir el estrés y la ansiedad que lo produce son hoy una de las principales tareas para las que son requeridos los psicólogos. Pero hay que saber cómo y cuándo hacerlo.

El estrés y la ansiedad ¿amigos o enemigos? A veces son útiles, otras veces se retroalimentan.

Por lo general, la gente considera el estrés y la ansiedad como conceptos negativos. Y hay razones para ello. Pero aunque tanto el estrés como la ansiedad pueden alcanzar niveles insalubres, los psicólogos saben desde hace tiempo que ambos son inevitables. Son situaciones asociadas al mero hecho de vivir, y fruto de la evolución del ser humano. Y esto tiene una razón de ser. Y es que a menudo desempeñan un papel útil y no perjudicial en nuestra vida diaria, como ha puesto de manifiesto una ponencia en la convención anual de la American Psychological Association.

Por ejemplo, para la psicológa Lisa Damour, ambas situaciones pueden verse invlountariamente potenciadas. De hecho, muchas personas se sienten estresadas anticipadamente. Sufren estrés por la mera perspectiva de verse sometidos a una hipotética situación de estrés.  Y otras sienten verdadera ansiedad ante el riesgo potencial de sufrirla. Esto incrementa los niveles de estos padecimientos, y potencia sus efectos adversos. De esta forma, cuando la persona busca atención psicológica, el estrés y la ansiedad ya han alcanzado niveles verdaderamente dañinos.

¿Hay un estrés bueno?

El estrés suele ocurrir cuando las personas actúan al límite de sus capacidades. O cuando se ven obligadas por las circunstancias a superar sus niveles de competencias habituales. También es importante entender que el estrés puede ser el resultado de eventos buenos y malos. Por ejemplo, tener problemas en el trabajo es estresante. Pero también lo es traer un bebé a casa por primera vez.

“Es importante que los psicólogos compartan nuestros conocimientos sobre el estrés con un público amplio: que el estrés es un hecho en la vida diaria, que trabajar al límite de nuestras capacidades a menudo construye esas capacidades y que los niveles moderados de estrés pueden tener una función estimulante, lo que conduce a una resiliencia superior a la media cuando nos enfrentamos a nuevas dificultades”.

Cuando la ansiedad puede sernos útil

La ansiedad también tiene una mala reputación innecesaria, según Damour.

“Como todos los psicólogos saben, la ansiedad es un sistema de alarma interna, probablemente transmitido por la evolución, que nos alerta de amenazas tanto externas -como un conductor que se desvía en un carril cercano- como internas -como cuando hemos postergado algo demasiado tiempo y es hora de empezar a trabajar”.

Ver la ansiedad como algo a veces útil y protector permite a las personas hacer buen uso de ella.

Eso no significa que el estrés y la ansiedad no puedan ser perjudiciales, lógicamente. El estrés puede volverse insalubre si es crónico (sin posibilidad de recuperación) o si es traumático (psicológicamente catastrófico).

En otras palabras, el estrés causa daño cuando excede cualquier nivel que una persona pueda razonablemente absorber o usar para desarrollar sus habilidades psicológicas. De la misma manera, la ansiedad se vuelve malsana cuando su alarma no tiene sentido. A veces, la gente se siente rutinariamente ansiosa sin razón alguna. En otras ocasiones, la alarma está totalmente fuera de proporción con la amenaza, como cuando un estudiante tiene un ataque de pánico por una prueba menor.

¿La infelicidad es una enfermedad?

¿Qué sabemos de la felicidad?. En nuestra consulta de Oviedo solemos tratar a personas que confunden las insatisfacciones o contrariedades habituales de la vida con la depresión. Pero no siempre es así. Ciertamente, el estrés y la ansiedad sin tratar pueden causar un daño moral persistente. Pero también pueden contribuir a una serie de padecimientos psicológicos y médicos adicionales, como la depresión o un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular o incluso de padecer cáncer. Por eso es importante abordarlos oportunamente.

En esta ponencia, Damour también instó a los psicólogos a tomar un papel activo y realista contra los mensajes de la llamada ” industria de la felicidad”. Un complejo de compañías centradas supuestamente en el bienestar personal,  que propalan la idea de que la gente debe sentirse tranquila y relajada la mayor parte del tiempo. “Si tienes la impresión de que siempre debes estar alegre, tu experiencia del día a día puede terminar siendo bastante miserable”, comentó. Algo con lo que no podemos dejar de estar de acuerdo en Gabinete Mentis.

psicólogos en Oviedo analizan la naturaleza del mal

¿HAY PERSONAS MALAS POR NATURALEZA?

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Los malos siempre son los otros

Hablar de la naturaleza del mal es algo que se corresponde más con la labor de filófosos o moralistas que con lo que cabría esperar de un gabinete de psicólogos en Oviedo. Sin embargo, en Mentis, no podemos sino hacernos eco de algunas interesantes reflexiones publicadas recientemente en El País por la psiquiatra Lola Morón.

Según estas aproximaciones a la naturaleza del mal, lo que tienen en común todos los malvados es una sóla cosa. Una cosa que destaca por encima de las demás: su vanidad. Esa prepotencia que les hace sentirse diferentes a los demás y, por lo tanto, les imposibilita para empatizar con aquellos que sufren por su culpa. Pero eso no significa que nosotros mismos no podamos ser malos. O actuar de un modo malvado en según qué ocasión.

¿Hay seres inclinados al mal?

Desde el punto de vista psicológico, las categorías del bien y el mal son demasiado amplias. Se presentan como generalizaciones que precisan de mucha concreción. Para un psicólogo el reto no es tanto clasificar a las personas como evaluar sus mecanismos de pensamiento y emociones. Y no es que por tradición los psicólogos hayan renunciado a estudiar los diferentes tipos de personalidad. Es que afirmar que alguien es sencillamente malo constituye una expresión demasiado reduccionista incluso para unos simples psicólogos en Oviedo. Por supuesto, esto no implica negar el carácter perverso de numerosas acciones llevadas a cabo tanto por los malvados ilustres de la historia. Ni la sorprendente capacidad del ser humano para perjudicarse a sí mismo y a sus congéneres hasta límites insospechados.

Es una cuestión de opciones

En el desarrollo de la personalidad y la configuración de nuestro carácter influyen muchos factores. Herencia genética, experiencias vividas, pero también decisiones. Y eso es algo que a los psicólogos nos gusta analizar,. En ciertas encrucijadas vitales, o momentos puntuales, el ser humano debe decidir. Y optar siempre significa renunciar a algo. Esas decisiones se va construyendo nuestra personalidad y dejamos atrás la infancia para convertirnos en adultos y adentrarnos en la madurez. Afrontar los resultados, deseados o no, lidiar con ellos, adaptarnos o rebelarnos para cambiarlos cuando es posible. Eso es crecer. Pero renunciar a algo, cuando ese algo supone permitir o provocar un mal objetivo a los demás, es lo que construye una personalidad inclinada al mal. El orgullo de ser diferentes justificaría los efectos, colaterales o directos, de nuestras decisiones cuando éstas perjudican a nuestros semejantes.

El mal como algo banal o como expresión individual

La banalidad del mal es un concepto elaborado por la filósofa Hannah Arendt. Algo atestiguado a la vista de la reacción de algunos jerarcas nazis enfrentados a las consecuencias de sus actos abominables, es algo difícil de ser explicado. Pero al mismo tiempo tranquilizador. El malvado actúa por simple sumisión las órdenes de otros, sin una intención específica. Pero esto no es lo habitual. La mayoría de los seres realizan acciones malvadas movidos por sus pulsiones, impelidos por su egoísmo y desoyendo cualquier tipo de remordimiento o escrúpulo, en un ejercicio plenamente individual. Ahí no cabe culpar a terceros.

Para conocer algo más acerca de la naturaleza del mal y cómo nos justificamos ante ella os aconsejamos leer el artículo citado, sobre lo que nos une y lo que nos separa respecto a los grandes malvados de la historia.