LAS DISTORSIONES COGNITIVAS ¿CONSTRUIMOS NUESTRA REALIDAD?

psicólogos en Oviedo y sesgos de la realidad o disfunciones cognitivas

LAS DISTORSIONES COGNITIVAS ¿CONSTRUIMOS NUESTRA REALIDAD?

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 Psicólogos en Oviedo  y sesgos cognitivos

El modo en que nos formamos una representación de la realidad depende de muchos filtros. Nuestra pasión por la psicología clínica, hace que el ejercicio como psicólogos en Oviedo nos resulte emocionante cada día. Por ejemplo. Esto nos induce a ver cada paciente desde un punto de vista integral como persona y como una oportunidad de mejorar y hacer mejores a los demás. Para otros podría resultar algo estresante, por la responsabilidad o aburrido, por lo continuado

Y es que el modo en que nos representamos la realidad es lo que nos permite predecir las cosas. Saber qué va a pasar a continuación. Sin embargo,  la cantidad de datos procedentes de la percepción y de nuestra memoria es ingente. Es tal que nuestro cerebro se saturaría si no aplicase esos filtros. Unos moldes a los que ajustar y sobre los que clasificar la información a cada instante.

Para  comprender lo que nos rodea, y tomar decisiones basadas en hipótesis plausibles, hay que desechar mucha información. Y priorizarla, simultáneamente. Si no, nos paralizaríamos y eso puede resultar letal en situaciones de peligro. A través de los llamados sesgos cognitivos, estudiados en psicología nuestro cerebro se programa para canalizar esos datos. Y así darles una interpretación que nos ayude a decidir, utilizando atajos. Y estos atajos no siempre nos llevan a una interpretación coherente de la realidad. Por eso nuestra práctica clínica como psicólogos en Oviedo nos alerta de que muchos de estos sesgos o distorsiones cognitivas pueden resultar perjudiciales para nuestro equilibrio emocional. Y a veces pueden estar en la base de algunos padecimientos psicológicos. Su conocimiento, nos ayuda como psicólogos al tratamiento de diversos cuadros presentes, entre otros en relaciones de pareja o en psicología clínica de niños y adolescentes, por ejemplo.

En relación a los problemas de socialización podríamos hacer referencia a algunas distorsiones como el sesgo de pertenencia al grupo o el sesgo del rebaño. El primero, provoca una sobrestimación de las cualidades de un grupo al que pertenecemos frente a los que no pertenecen a él, mientras que el segundo influye en nuestros juicios dando credibilidad a las opiniones mayoritarias o comúnmente aceptadas frente a nuestro propio criterio. Si todos los que están alrededor nuestro dicen que perciben un mal olor, nosotros acabaremos diciendo que también, aunque no sea así. Por el sesgo de proyección tendemos, a su vez, a creer que en un grupo la gente piensa igual que nosotros aunque no suceda. Lo cual podría explicar lo tormentoso de algunas reuniones de vecinos o de algunas cenas familiares en estos días navideños.

Con el sesgo de la atención selectiva solemos priorizar cierto tipo de información que encaja con un esquema previo o con alguna predisposición innata o patológica. Así, las personas con depresión suelen focalizar su atención en circunstancias negativas soslayando las positivas.

Finalmente, existen distorsiones relacionadas con el narcisismo como la llamada criptoamnesia. Un sesgo cognitivo que produce la sensación de que cierta idea nos surge por vez primera cuando ya la hemos tenido antes o incluso la plagiamos de otros, o los sesgos egocéntrico o de autocomplacencia por los que nuestra memoria distorsiona los recuerdos en nuestro beneficio aumentando nuestro mérito o atribuyéndonos resultados de nuestras acciones superiores a los realmente obtenidos, o bien la responsabilidad de los efectos positivos de esas acciones obviando los negativos.

Estas y otra muchas distorsiones de la realidad están presentes en mayor o menor medida en casi todos los individuos. La percepción completamente objetiva de la realidad es algo difícil de definir. Y más aún de conseguir, en el caso de que exista. Sin embargo, no debemos dejar que estos sesgos o distorsiones nublen nuestros juicios racionales. Ni que adquieran dimensiones patológicas produciendo graves disfunciones desde el punto de vista psicológico. Por eso corresponde al psicólogo corregirlas y reconducirlas en su ejercicio clínico. Algo imprescindible para ayudar a las personas a mantener o recuperar su equilibrio emocional cuando éste se ve perturbado.

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