¿HAY PERSONAS MALAS POR NATURALEZA?

psicólogos en Oviedo analizan la naturaleza del mal

¿HAY PERSONAS MALAS POR NATURALEZA?

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Los malos siempre son los otros

Hablar de la naturaleza del mal es algo que se corresponde más con la labor de filófosos o moralistas que con lo que cabría esperar de un gabinete de psicólogos en Oviedo. Sin embargo, en Mentis, no podemos sino hacernos eco de algunas interesantes reflexiones publicadas recientemente en El País por la psiquiatra Lola Morón.

Según estas aproximaciones a la naturaleza del mal, lo que tienen en común todos los malvados es una sóla cosa. Una cosa que destaca por encima de las demás: su vanidad. Esa prepotencia que les hace sentirse diferentes a los demás y, por lo tanto, les imposibilita para empatizar con aquellos que sufren por su culpa. Pero eso no significa que nosotros mismos no podamos ser malos. O actuar de un modo malvado en según qué ocasión.

¿Hay seres inclinados al mal?

Desde el punto de vista psicológico, las categorías del bien y el mal son demasiado amplias. Se presentan como generalizaciones que precisan de mucha concreción. Para un psicólogo el reto no es tanto clasificar a las personas como evaluar sus mecanismos de pensamiento y emociones. Y no es que por tradición los psicólogos hayan renunciado a estudiar los diferentes tipos de personalidad. Es que afirmar que alguien es sencillamente malo constituye una expresión demasiado reduccionista incluso para unos simples psicólogos en Oviedo. Por supuesto, esto no implica negar el carácter perverso de numerosas acciones llevadas a cabo tanto por los malvados ilustres de la historia. Ni la sorprendente capacidad del ser humano para perjudicarse a sí mismo y a sus congéneres hasta límites insospechados.

Es una cuestión de opciones

En el desarrollo de la personalidad y la configuración de nuestro carácter influyen muchos factores. Herencia genética, experiencias vividas, pero también decisiones. Y eso es algo que a los psicólogos nos gusta analizar,. En ciertas encrucijadas vitales, o momentos puntuales, el ser humano debe decidir. Y optar siempre significa renunciar a algo. Esas decisiones se va construyendo nuestra personalidad y dejamos atrás la infancia para convertirnos en adultos y adentrarnos en la madurez. Afrontar los resultados, deseados o no, lidiar con ellos, adaptarnos o rebelarnos para cambiarlos cuando es posible. Eso es crecer. Pero renunciar a algo, cuando ese algo supone permitir o provocar un mal objetivo a los demás, es lo que construye una personalidad inclinada al mal. El orgullo de ser diferentes justificaría los efectos, colaterales o directos, de nuestras decisiones cuando éstas perjudican a nuestros semejantes.

El mal como algo banal o como expresión individual

La banalidad del mal es un concepto elaborado por la filósofa Hannah Arendt. Algo atestiguado a la vista de la reacción de algunos jerarcas nazis enfrentados a las consecuencias de sus actos abominables, es algo difícil de ser explicado. Pero al mismo tiempo tranquilizador. El malvado actúa por simple sumisión las órdenes de otros, sin una intención específica. Pero esto no es lo habitual. La mayoría de los seres realizan acciones malvadas movidos por sus pulsiones, impelidos por su egoísmo y desoyendo cualquier tipo de remordimiento o escrúpulo, en un ejercicio plenamente individual. Ahí no cabe culpar a terceros.

Para conocer algo más acerca de la naturaleza del mal y cómo nos justificamos ante ella os aconsejamos leer el artículo citado, sobre lo que nos une y lo que nos separa respecto a los grandes malvados de la historia.